viernes, marzo 20, 2009

Y te partí el corazón...

Lo sé, te he partido el corazón.
Yo no quería, no era mi intención,
pero intento cerrar los ojos para pensar
que nada es cierto, y cuando los abro...
ahí sigue el dolor.

Me tortura tu cariño,
me aterra tu silencio,
me da miedo mover ficha,
porque sientes de verdad.

Vemos cómo los años van pasando
de niños a adolescentes,
de adolescentes a personitas con alas
esperando el momento de echar a volar.

Y mientras todo eso ocurre,
tú sigues ahí, regalándome los oídos,
acordándote de mí.

Cuando somos unos niños
todo parece más fácil,
cuando los sentimientos son sinceros,
hasta respirar causa terror.

No te quiero pero no te olvido.
No te odio pero no te perdono.
No te correspondo pero no me alejo.
Sólo intento entender qué está pasando,
quiénes éramos, quiénes somos,
dónde estoy.

No hice nada,
no te pedí nada,
nunca pensé en nada...
y te partí el corazón.

Me duele, me persigue, me sorprende...
Y sólo cabe preguntarse por qué.

¿Por qué? ¿Por qué? Por qué...

Por qué ahora, por qué conmigo,
por qué sin mí.

Pero lo cierto es que no hay canciones
que hablen de nosotros,
y no hay opciones para el error.

Mejor no lo intentes,
mejor no lo pienses,
mejor...olvídalo.

Me quieres, ahora lo sé.
No supe verlo...y te partí el corazón.

jueves, diciembre 04, 2008

El Amigo Invisible

Durante toda mi vida escuché hablar de muchos tipos
de amigo invisible, aunque para mi sólo existe uno.

A veces te sientes sólo, incomprendido, con muchas cosas dentro que
necesitas soltar, aunque a la vez, te ves vacío.

Nos rodeamos de gente contínuamente,
pero nos quedamos en la primera capa de piel,
sin importarnos demasiado qué se esconderá debajo.

Me gustan los amigos invisibles...
Son especiales.
Son auténticos.
Son únicos.

Un amigo invisible visible, porque son esas personas con las que

ya a penas compartes una cena, una fiesta, un café,
pero que si las necesitas, acuden.

Ese que te coge la mano y te toca el corazón.
Ese que sólo con escuchar tu respiración al otro lado del teléfono
sabe qué ocurre.

Tiene las palabras justas, las pausas justas.

Un hombro en el que llorar.

Ese confesor a quien confías tus mayores dudas, secretos y fantasías.

Amigo, defensor, aliado, psicólogo, protector...y viceversa,
porque sabe que tú también estás ahí.

Cada uno se rodea de sus amigos invisibles, y con ellos forma una
burbuja de acero y algodón, que hace que todo rebote y no te destripe
las entrañas y el corazón.

Es un vínculo especial, una conexión

creada por las experiencias vividas con esas personas que hacen que
cuando las tienes cerca, sientas algo extraño en el estómago.

Y no importa que sea chico o chica,

porque le hablan a tu alma a través de tus ojos,
y lo que sienten por ti es algo más que amor.

Poder contar sólo con uno ya te hace ser muy afortunado,
porque no todo el mundo sabe lo que es.

Pero si tienes uno, no pierdas la oportunidad de recordárselo
y agradecérselo, porque todos necesitamos escuchar lo que
nos hace sentir llenos, orgullosos, y nos anima a seguir hacia delante.


Y tú...¿Tienes un amigo invisible?

martes, noviembre 11, 2008

Recuerdos de Cera

¿Cómo dirías que ha sido tu vida?

A veces, el estrés, la madurez o los problemas
nos hacen olvidar que hemos vivido.

Siempre tienes algo que hacer, algo en que
pensar, algún problema que arreglar.
Y se te olvida vivir.

Pero un buen día llega ese momento en que,
casi sin darte cuenta, te dejas llevar y recuerdas.
Y vives.

Los recuerdos son imágenes, situaciones estáticas
que permanecen en nuestra memoria a la sombra
en archivos con polvo.

Recuerdos de cera que cuando te das un respiro y repasas,
cobran vida, ritmo y color.

Suena música de fondo, y hasta puedes sentir a qué huelen.
Porque son recuerdos de fresa, o soleados, o azules, o de amor.

Respiras, sonríes y caes en la cuenta de que has vivido
algo más que noches de insomnio y responsabilidad.
Que has sentido algo más que decepción y fracaso o impotencia.
Que has soñado y reído tanto o más de lo que alcanzabas
pensar.

Y es que el tiempo pasa, pero no borra.
Sólo nos tomamos la desgraciada libertad
de archivar recuerdos lejanos, que tanto buenos
como malos, se dedican a acumular polvo.

Y se convierten en cera.

No son de cristal, porque no se rompen.
No son de piedra, porque no están muertos.
Simplemente se convierten en cera, para

permanecer imperturbables, y volver a fluir
cuando los recuerdes con el calor de tu ternura.

En ese momento, volverán a tener vida,
y te harán sonreír, alucinar y suspirar,
recordándote quién eres, y sobre todo,
quién has sido.


Porque has vivido,
aunque ahora sea cera.

martes, octubre 14, 2008

Nuestro Otoño

Cerca, lejos, cerca, lejos..... ¿cerca?

¿Cuántos kilómetros necesita el amor
para separarnos de las personas queridas?

Es injusto pensar que la distancia pueda partir corazones...
Porque no hay nada más fuerte que las ganas de sentirte cerca.

Y es que podemos estar sentados el uno junto al otro
y sentir cómo el viento de otoño se cuela entre nosotros,
haciendo que la distancia que nos separa sea infinita.

O puede que estés tan lejos que no pueda contar tus lunares
y aún así lleve impregnado en mi piel el sabor de tu alma.

Porque no importa que vaya llegando el frío
mientras tu corazón bombee sangre caliente.

Ni echaremos de menos las hojas, ahora anaranjadas,
si caen a la misma velocidad que las lágrimas
por tu mejilla cuando yo no estoy aquí.

Ya no importará que vayan acortando los días si
tú los llenas con la luz de tus ojos.

Porque con el otoño no llega la tristeza,
sino la excusa de sentarnos más cerca para darnos calor.

Y si tenemos paciencia, el otoño nos enseñará la lección de que, dentro de poco, todo volverá a florecer.

viernes, septiembre 12, 2008

Cierra los Ojos

Cierra los ojos.

Piensa que no hay nada que perturbe tu alma.
Abre los brazos y el corazón para poder
escucharte a ti mismo.

Respira hondo y siente tu esencia,
fresca, joven, libre.

Recuerda todos esos momentos en los que
te has parado en mitad de este mundo
mientras todos a tu alrededor seguían girando
y mirándoles has sido feliz.

Cierra los ojos y sueña.

Piensa en esa sensación de felicidad
que invade tu cuerpo, siente cómo un cosquilleo
recorre todos tus rincones.

Escucha cómo retumban en tu mente las risas que
te han hecho reír a ti también.

Observa las imágenes retenidas en tus pupilas,
aquellas que te han conmovido y te han emocionado.

Degusta en tu boca el sabor de todos los besos que te han dado y todos los que has robado.

Siente en tu piel los abrazos en los mejores momentos,´
las cómplices caricias, los roces accidentales
que dan escalofríos.

Cierra los ojos y piensa en eso.

¿No te sientes lleno?

La felicidad está tan dentro de nosotros
que a veces se nos olvida que no hay que buscarla.

Está ahí, en ellos, en ti.

Sólo recuerda, piensa, siente...


Cierra los ojos.

martes, septiembre 09, 2008

Pesan las Horas

Horas y más horas entre la gente con una sola sensación.

¿Qué hacer?

Es simple, nada importa.

Lo bueno de estos casos es que no pesa la decisión, sea cual sea,
porque nada importa. No habrá cargo de conciencia,
pero van pesando las horas.

¿Qué hay de malo?

Nada que ganar, nada que perder...nada tiene importancia.
Es mi mundo, es mi cerebro, y la carga de estar rodeada de gente
y sentir que las horas pesan.

¿Me voy? ¿Me quedo?

Da igual, sé que haga lo que haga no ocurrirá nada,
porque a nadie le importa.

Aunque a mí sí, porque sí tengo conciencia y me pesan demasiado las horas.

No puedo estar aquí, porque me molesta estar entre tanta gente
y saber que en realidad no hay nadie más que tú y tu ignorancia,
que hace que los años pasen, las horas pesen y ya nada de lo que queda me importe.

Ni tú ni tu triste vida, porque a mí me parece triste,
como tu mirada.

Aunque ya no importa, y a mi juicio no tienes ningún valor.

Ni tú ni tus palabras, que se hacen pesadas como las horas,
que van sumando penas.

Tus penas, tus glorias amargas y tu triste voz,
cansada, sedienta de nuevas palabras que tengan algo mejor que decir que lo que en realidad sale por tu boca deshecha, convertida en agua salada.

Te pierdes en un mar que te inunda entre sollozos cansados, gastados, perdidos en el horizonte junto a tus alas rotas.

No quieres elegir tu propio camino, pero tampoco soportas
que los demás te dejemos atrás.
No quieres soñar con los ojos abiertos, pero tampoco aceptas
que los demás sí sepamos soñar.

El frío de tus labios contrasta demasiado con el calor de mis ojos,
y yo siento las horas demasiado pesadas y el corazón demasiado lleno como para escuchar y creer tus palabras cansadas.

Es demasiado tarde y ya pesan demasiado las horas.

Es demasiado tarde, te dejo aquí mi despedida.

jueves, julio 24, 2008

Nada menos, nada más

¿Tienes un momento?

Ven, te invitaré a un café y te enseñaré mis entrañas.
Hablemos de espuma, de chocolate, de la lluvia o de mi alma.

Me he abierto en canal pasando por mi pellejo, mis músculos,
costillas, pulmones y al final...mi esencia.

Eso soy yo. Nada menos. Nada más.

Mi sueño y mi pesadilla, mi día y mi noche, mi triunfo y mi fracaso,
mi cara y mi cruz.

Un antes y un después, un parón en el camino.

Tócame el pecho que se aprecia el alma,
mírame a los ojos que se me ve el corazón.
Redondo, mullido, lleno de esperanzas y de dolor.
De rabia, de incomprensión, de dulzura e ilusión.

martes, julio 22, 2008

Cartas a ninguna parte

Valencia, Julio de 2007


Te escribo esta carta para poder sacar de mí todo lo que llevo dentro.
Porque me gustaría poder decirte lo que pienso a la cara, de tú a tú,
pero tú ya no me escuchas, ya no me entiendes.

Hace mucho que nos conocemos, tú incluso lo sabías mejor que yo,
pero ahora apenas lo recuerdas, y esta tinta y el papel son mi único consuelo.

Porque te hecho de menos incluso cuando estamos sentados
el uno frente al otro.
Y me lleno de impotencia cuando te hablo y te cojo la mano, porque tú me la coges con fuerza, como si aún mantuviéramos ese vínculo tan especial que siempre tuvimos, pero luego ni siquiera puedes recordar mi nombre.

Tú, que me enseñaste tanto en tan poco tiempo;
Que me mostraste un mundo nuevo que yo desconocía;
Que siempre me diste más de lo que yo merecía;
Me enseñaste a respetarte sin temerte,
y a amarte casi sin verte.

El día que te pusiste enfermo no podía creer que fueras tú. ¿En serio?

Hablas del hombre que se sube a los árboles

como quien sube escaleras.
De quien carga varias cajas de tomates

con una mano montado en su BH rosa.
De ese al que le picaban las abejas y sólo se enteraba

cuando se lo decíamos los demás.

Hablas del hombre que me curaba las heridas con palabras mágicas y
calmaba mi llanto con cuatro tacos bien dichos y una sonrisa.

Hablas de una persona querida y respetada por todos los que le conocen y admirada por su familia.

Hablas de mi abuelo.

Desde entonces todo ha sido duro, nos has dado muchos sustos a todos, pero de una forma u otra tú siempre remontas, y estás ahí al pie del cañón.

Amante incondicional de tu esposa, orgulloso de todos tus hijos,
y admirado por cada uno de tus nietos.

Sé que tú lo has dado todo por nosotros, que siempre quisiste que fuéramos los mejores, para que pudiéramos tener lo mejor.

Y por eso, hoy te digo que puedes estar tranquilo,
porque cada uno a su manera, nos hemos convertido en grandes personas.

[...]

Y yo voy a empezar 4º de carrera, y aunque al final no volveré a subirme a un escenario para bailar, no te preocupes por mí, que hoy por hoy soy muy feliz. También sigo con Migue, el chico al que tú conociste. Es un gran chico abuelo, yo creo que a su lado estaré bien.

Así que ya ves, todos tus nietos y nietas convertidos ya en hombrecitos,
¡¿Quién te lo iba a decir?!

Quiero darte las gracias por ser como eres y por lo que nos has dado,
y pedirte perdón, porque a veces me enfado contigo, y te odio por no
poder recordar mi nombre ni mi cara.

Te odio porque te necesito, te hecho tanto de menos
que me duelen el pecho y el alma.

Que anhelo escuchar mi nombre en tu boca, y que seamos cómplices y amigos. Porque ya no puedo ser especial si no me reconoces con tu mirada.

Me gustaría poder darte mis fuerzas, y que no te estuvieras perdiendo nada de lo que pasa en tu vida, en nuestra vida.

Quiero que vuelvas a abrir los ojos, que te enfades de vez en cuando...
que vuelvas a ser tú.

Pero aunque tú ya no puedas acordarte de quién fuiste o de quiénes
somos nosotros, ni importa, porque yo lo recordaré por los dos,
y mientras alguno lo recordemos, todo aquello existirá.

Aunque esta carta nunca llegue a tus manos, éstas son algunas de las cosas que pienso y que quiero creer que tú ya sabes.

Tengo muchas ganas de volver a estar contigo y verte reír
mientras me aprietas la mano, dándome una pequeña esperanza
para pensar que tu memoria sigue ahí, acordándose de mí.

Y si ya no volvemos a vernos, que algún día pasará,
gritaré como si estuviera enfadada contigo por marcharte,
pero en realidad, sólo estaré diciendo



que te quiero, y cuídate, estés donde estés.




lunes, mayo 14, 2007

Ven a dormir

Sol y calor entran por mi ventana,
se llevan el rocío de la mañana.
No sé si te tengo en mi cama
o son únicamente mis ganas las que me acompañan.

Te siento lejos aunque estés junto a mí,
aunque me digas que me quieres,
y que lo harás hasta el fin.

Ahora miro al horizonte y veo ponerse el Sol,
con sus rayos, sus colores, y las nubes alrededor.

Quiero volar hacia el cielo,
sentir el aire entre mi pelo,
y acercarme a su vera para sentir el calor.

Porque te hecho de menos cuando no estás aquí,
y lloro cuando me tumbo y mi almohada huele a ti.
Dices que volverás pronto, que vendrás a por mí,
que cumpliremos nuestros sueños y empezaremos a vivir.

Yo siento cómo la soledad acaricia mi piel,
sólo te pido... que vengas a dormir.

lunes, febrero 19, 2007

Expresar...

¿ Expresas?

Hablar, soñar, reir, expresar.
Expresar con la boca, con las manos,

expresar con los gestos, con la mirada.
Tal vez hablar, tal vez escribir, el caso es expresar.

Que amo, que odio, que río, que lloro... Expresar.
Me gusta mostrar lo que soy. Transparencia.

Me has visto reir, me has visto llorar.
Te he contado algún secreto y conozco alguno tuyo.
Te sabes toda mi vida y me he interesado por la tuya.
Te he ofrecido mi hombro, y si lo he necesitado, no he dudado al apoyarme en el tuyo.

Porque así soy yo, y así quiero que me veas. Así me expreso.
A veces grito, a veces me emociono demasiado.
A menudo sufro, porque siento la vida

y exprimo cada momento al máximo. Expreso.
Soy fácil de etiquetar y bastante predecible.

Me gustan el día y la noche, la fresa y el chocolate.
No puedo elegir un color porque me gustan todos, no tengo canción favorita porque vivo los compases de todas ellas en mi piel.

Soy tímida y salvaje, soy paciente y crispante.
Soy fuerte y débil, amable y estúpida.
Sabia e ignorante, soy ángel y demonio.
Soy tierra, mar y aire, soy frío y calor.
Madura e infantil......

Soy como soy.

Expreso lo que siento, siento lo que veo,

veo lo que tengo, lo que pienso y lo que anhelo.
Yo expreso lo que quiero.

¿Expresas?

lunes, noviembre 27, 2006

Puede Que...

Puede que no valga la pena pensar en otra vida.
Puede que no valga la pena llorar por otras personas.
O por lo que pudo haber sido y no fue.
Puede que no valga la pena decirle que no está en lo cierto,
y dejar que cada uno descubra su propia verdad.
Tal vez no valga la pena reconocer nuestras obligaciones
cuando son lo último que queremos hacer.
Puede que no valga la pena intentar descubrir en su mirada
lo que siente realmente cuando te ve.
Puede que no valga la pena malgastar nuestro tiempo en intentar que las cosas cambien.
Puede que no valga la pena levantarse cada mañana cuando ya sabemos de sobra lo que ocurrirá. O que simplemente no ocurrirá nada.
Puede que no valga la pena decir lo que sentimos, aunque sea tan fuerte
que pueda controlar cosas como nuestro cerebro, nuestros latidos o nuestra respiración.

Pero si no lo hicieramos...¿qué sería de nosotros?
Puede que no pasara nada. Pero "nada" no es la meta.

Porque tal vez exista otra vida.
Porque llorar por otros es lo que nos hace mejores.
Porque es mejor acortar el camino hacia nuestras verdades.
Porque las obligaciones se recompensan con derechos.
Porque a veces los cambios ocurren.
Porque cada día es único.
Porque no decirte que te quiero, le quitaría sentido a todo lo demás.

Porque puede que no pasara nada...Pero "nada" no es la meta.

sábado, octubre 28, 2006

Sólo Dame Luz

En estos momentos me veo desbordada por mis propios pensamientos.
No sé lo que quiero, ni tampoco a qué le temo.

Sólo me alivia el calor de una luz amarilla, silenciosa.
Me acaricia y me guía en mis solitarias noches,
y se hace cómplice dejando a mi mano fundirse con la tinta y el papel.

No siento alivio al pensar en otra cosa que no sea
la cercanía de la luz y su silencio.
No encuentro la calma en ningunos brazos,
ni tampoco en su mirada.
La incertidumbre me invade y me pregunto cuánto más voy a aguantar.

Y yo cuento los segundos, los momentos y las nubes que quedan
hasta que llegue el momento de volver a sentir sobre mis letras
el calor de la luz.

Dame paz, ya que no puedes darme amor.
Dame calor, ya que no puedes darme respuestas.

Haz que el momento sea eterno
y yo no muera en la desesperación de sentir
que no sé encontrar el camino.

Sólo dame luz.

domingo, septiembre 10, 2006

Nada es más real

Me ahogo en un mar profundo, espeso, convertido en llanto.
Mi corazón se divide y mi alma se muere,
pasión desgastada de tanto usarla.

Las miradas atraviesan la piel, y las palabras alimentan el corazón,
sereno, paciente, deseoso de amarte y de liberar todas sus pasiones
con cada bombeo.

Miedo al olvido y temor al fracaso, porque mis pulmones se ahogan sin tu olor.
Valor para arriesgarlo todo, soñando con algo más cálido que el invierno,
más fuerte que el cristal, y más húmedo que el desierto.

Una fuerte lucha por conseguir todos esos besos y caricias robados,
secretos a voces entre dos almas impuras que no viven para nada más
que para sentirse la una a la otra.


Porque no hay nada más duro que negar la realidad,
y no puedo negar que nada es más real que los sentimientos que me atan a ti.

martes, julio 18, 2006

Mi Ventana

Varios momentos diferentes, y sin embargo, una misma sensación.

En todos estos días, la vida parecía mejor.
No digo que sea lo correcto, porque sé que es más que una locura, pero no por ello deja de gustarme.

Con el humo de mi cigarro asomándose al mundo por la ventana, lo supe.
Que ya no era ir. Ahora me parecía volver. Estaba en casa.

Me asomé con mi cigarro, mi humo, y mis pensamientos, y viendo el atardecer sentí que eso era lo que quería.

Me gusta, creo que esto es lo que quiero. Tal vez no para ahora, aunque sea ahora cuando lo siento. O puede que lo quiera ya, sólo por temor a que en un futuro no pueda tenerlo.

Pero sí, sentí que esto es lo que quiero. Una vida a medias, una vida nuestra, y una ventana por la que dejar escapar el humo...

miércoles, mayo 24, 2006

Uno De Esos Días...

Tararea esa canción.
Me gusta cómo lo haces.

Pásame la sombra de ojos,
hoy soy tan feliz que voy a maquillarme.

Lo he decidido: hoy va a ser uno de esos días.

Uno de esos días en que te apetece cantar,
o que alguien a tu lado cante.
Te apetece maquillarte y ponerte esa falda
que siempre te había quedado tan bien.

Estrenaré esa camiseta con la que se me ven los hombros,
va genial con mi falda.

Mírame, ¿qué tal estoy?
Me siento bien, por eso bailo.

Pon música...o no. Yo bailaré de todas formas,
aunque sea eso que tarareas.
Porque hoy tengo uno de esos días.

Lo he sabido en cuanto me he mirado al espejo.
En el espejo he visto mi reflejo,
con el pelo alborotado y cara de recién levantada,
aunque reflejaba mucho más: mi felicidad.
Mis ojos brillan y luzco una enorme sonrisa.

Porque he puesto la radio y sonaba mi canción.
Porque el agua de la ducha estaba perfecta, y
porque he soñado con SU calor.

Me gusta tanto esta falda...
¿por qué dejaría de usarla?

No importa, hoy me la volveré a poner.
Y me voy a maquillar con esa sombra de ojos.
Mi colonia favorita y los zapatos con tanto tacón.

Recuerdo aquella vez que te los dejé,
tú llevabas mis zapatos y yo una de esas faldas.

Éramos las reinas de la noche.
Cantábamos y bailábamos como locas,
lo pasábamos muy bien.
¿Por qué dejamos de hacerlo?


No importa, hoy lo volveremos a hacer.
Quemaremos la noche y nuestras fuerzas,
porque hoy es uno de esos días.

lunes, marzo 06, 2006

Fotografías

Dime qué es una fotografía sino la inmortalidad de un sueño, de un buen momento que algún día vivimos...
Un segundo convertido en eternidad, un estado, ahora imperturbable, que recordaremos mientras esa foto siga con vida.

Tal vez la necesite para recordar todo aquello que fue, todo aquello que, algún día, echaremos de menos.
Puede que la necesite para no olvidar lo que soy, o lo que en algún momento fui.

Dame una fotografía y mi memoria no olvidará el momento en el que nos la hicimos; cuélgala en la pared y sonreiré todos los días al pasar la mirada por encima de ella con nostalgia y dulzura.

Como nuestra vida, como lo que estamos construyendo, que algún día serán recuerdos.

Y quiero guardarlos para mí.

Déjame que lo guarde todo. Haré un cajón para que nada se pierda y todo lo nuestro pueda perdurar. Y así será para siempre.

Convertiré en recuerdos todo lo que guarde allí, y no dejaré que nada caiga en el olvido.
Ni en el tuyo, ni en el mío, ni en el suyo.
Ya no existirá el olvido.

Para que, pase lo que pase, sepamos que alguna vez sucedió.

lunes, enero 30, 2006

Lo Siento

Fue un simple mensaje, pero de simple no tenía nada.
Supe que tenía que hacerlo aunque no quisiera,
así que gracias por avisar.

Cogí el teléfono y respiré hondo un par de veces antes de hablar,
era yo la que tenía que darle ánimos para seguir adelante.

- Hola mi niña, me acabo de enterar, lo siento tanto...
- Gracias, no te preocupes, sabíamos que pasaría. Aunque es curioso, porque nunca te haces a la idea, ya me entiendes.
- Siento no poder estar ahí.
- Yo siento que no puedas estar aquí, no sabes lo que te necesito.

A partir de ahí, mi sangre se congeló y mis palabras no conseguían salir con el ánimo que ella se merecía. Me estaba pidiendo ayuda a gritos, nunca escondió que soy fundamental en su vida, pero nunca pensé en la sinceridad de sus palabras hasta este difícil momento.

Una niña de 15 años que siempre se apoya en mí.

Lo malo es darse cuenta del peso y la responsabilidad que eso conlleva, y sobre todo la culpabilidad que genera cuando no puedes estar donde debes.
Sé que un abrazo hubiera sido suficiente, pero ni eso le podía dar.
Esa noche se dormiría únicamente con una llamada de teléfono.

La rabia y la impotencia de ambas salieron transformadas en lágrimas y nuestras palabras fueron tan bonitas y cercanas que consiguieron traspasar por unos intensos minutos las barreras de la distancia.

Lo que más me dolía de sus palabras llenas de angustia, era lo identificada que me sentía, he pasado por sustos similares muchas veces, yo tengo un abuelo que tiene siete vidas, y todos los días me acuesto recordando que ya ha gastado seis.

La entendí tanto que su dolor me dolía más de lo que puedo explicar, incluso más de lo que puedo soportar. No es justo niña, ahora no.
Sé que no ha tenido una vida fácil, nunca tuvo suerte y tal vez, no la tenga jamás.

Yo sólo quiero que no sufra, poder darle un beso y calmarla, devolviéndole todo el cariño que ella me ha transmitido desde aquella tarde de verano en que se me acercó, diciéndome que se llamaba Laura, y que todas las noches pedía para su hermano mayor una chica como yo.

Lo único que me quedaba por recordarle para hacerla sonreír después de horas colgadas al teléfono, era que, aunque no podamos vernos, yo siempre la recordaré.

Recordaré sus enormes ojos negros y su cara de niña,
con la que nunca se cansaba de decirme que me merezco lo mejor.
Recordaré que vale millones y que lo dio todo para que
su hermano y yo pudiéramos ser muy felices.
Recordaré que nunca nadie me había hecho sentir tan querida como esa chiquilla de rizos color carbón, y que me demuestra que hay gente que me necesita.

Y nos dimos cuenta de lo especiales que somos, todos y cada uno de nosotros.
Que a veces, no nos damos cuenta hasta que es demasiado tarde, y ya no podemos decirle a esa persona lo importante que es en nuestra vida.

Ella es especial. Y tú. Y yo.

Buenas noches Lauryta...Te quiero, que no se te olvide jamás.

Cada Día...

Cada día me acerco más a ti, a tus costumbres,
al olor de tu piel, al calor de tu mirada.

Me voy metiendo de lleno en cada uno
de tus sentidos, fundiéndolos con los míos,

y atándolos a mis horas.

Fotografío mentalmente cada sonrisa, cada frase,

cada centímetro de tu piel, para no olvidarlos cuando pasen los días
y no te tenga junto a mí al amanecer.

Cierro los ojos mientras me arropan
los rayos de Sol, y pienso en cómo mis
sentimientos resbalan por tu espalda mojada.

Pienso en que sientas cómo te acaricia mi ternura de niña,

y que poco a poco, te llene de calma.

Llevo entre mis labios todo tu sabor,

tú me llevas en el claro de tus ojos,
en su reflejo está mi calor.

Muchas noches te he besado, me he adueñado de tu cuerpo,

y sin pausa me he bebido tu calor, tus caricias, y tu silencio...
Tus manos, me han llevado a un mar profundo,

y me han bañado en aguas nuevas de deseo.

Y sólo pienso en que...así es como te quiero.

jueves, diciembre 22, 2005

Cuenta Conmigo

No espero de ti la perfección.
Ni que cubras todas mis necesidades,
porque sé que tienes esperanzas y sueños propios.

No creo que darme todo lo que tienes
signifique ser pesado.

No pienso mal cuando admiras en
voz alta a tus seres más queridos.

No pongo en duda tu fuerza,
porque sé lo lejos que has llegado.

Pero tampoco espero que lleves tú toda la carga,
yo estoy aquí para llevarla contigo.

Te pediría que cuentes conmigo
como novia, como persona,
pero también como amiga.

Que puedas apreciar que estoy aquí
para reír juntos, pero también para llorar con fuerza
en los momentos duros.

Estoy aquí como apoyo o alegría.
Mis brazos te arroparán,
y te acariciarán mis manos.

Estoy aquí como compañera de viaje
en los sueños e ilusiones.

Como consuelo cuando necesites olvidar el
Mundo exterior.

Para animarte a llegar a lo más alto,

y para que no te hagas daño si caes abajo.

Porque tenerte junto a mi,

no es costumbre, es amor.

Sólo quiero que seas feliz y que cuentes conmigo.

Porque no quiero haber estado en tu vida

y que mi paso quede indiferente.

Quiero estar contigo.
Aquí y ahora.
Siempre que me necesites.

Siempre.

domingo, diciembre 18, 2005

Voces

No sé si eran reales o simplemente rondaban mis pensamientos...
Eran susurros, muy lejanos, pero cálidos.
Palabras que erizaban mi piel y endulzaban mis oídos como una golosa melodía.

No sé si era tu voz, tal vez era la mía.
Pero sonaba bien. Sonaba muy bien.
Quedaba suspendida en el aire, flotando entre mis suspiros rotos por la desolación.

Otra voz interrumpía de nuevo mis rítmicos latidos.
Eran susurros, muy cercanos, pero fríos.
Más palabras, pero no sonaban con tu dulce melodía. Ni siquiera con la mía.

Esta vez no sé si pertenecían a mis pensamientos o simplemente eran reales.
Pero sonaban bien. Sonaban muy bien.
No sé qué decían, sólo me animaban a seguir respirando.
¿Estoy soñando?

No lo sé. No sé si eran voces reales, mientras soñaba con los ojos abiertos.
No sé si eran voces en mis pensamientos, mientras tenía los ojos cerrados.
Mientras mi corazón seguía latiendo.

Cómo saber...sólo eran voces. Tuyas, mías...nuestras y de ninguno de los dos.
Ahora creo que eran de otros, que nos habían robado la razón.
Al menos a mí me la robaron.

Se la di por no perder el corazón. Querían llevárselo con aquellas palabras, dulce melodía y sangre fría. Mucha sangre fría.

Se la llevaron por no irse sin nada, porque yo ya no tengo corazón.
Late en mi pecho, pero vive en tu cajón.

Voces que se temían lo peor, temían no ser escuchadas, temían que mis oídos tupidos no escuchasen su canción.

Y se marcharon desoladas, porque yo las oía, pero nunca supe qué decían.
No sabía si eran reales, no sabía si existían.
No sabía si era tu voz, nunca supe si era la mía.

Voces que me llenan y me vacían.
Dulces motivos que entonan mis sueños y mi vida.

miércoles, noviembre 30, 2005

Ponme Un Café

Me levanto, miro por la ventana y las calles ya están puestas.
Buenos días por la mañana, empezamos otra vez.

El mismo trayecto, la misma gente, el mismo bar.
Tengo tanto sueño como de costumbre, a penas ha comenzado el día, y yo ya tengo ganas de acabar.

Ponme un café, necesito despertar.

Y las mismas palabras un día tras otro:
- Hola, un café con leche.
- ¿Café con qué?
- Con leche
- Marchando el “café con qué”
- Gracias
- ¡Las que tú tienes!

No entiendo a estos camareros, siempre la misma gracia. Pero siempre con una enorme sonrisa que casi te obliga a sonreír, y de pronto, el día empieza a tener color.

Me parecía una tontería, pero sin embargo, si ahora no me tomo el café de las 8:23, ya no empiezo el día con el mismo pie.

Hoy tengo un día horrible, las cosas no me están yendo tan bien. Será mejor que me dé prisa, necesito mi “café con qué”.

Es este camarero, que siempre tiene tan buen humor!!
Admiro su “buen despertar” y sus palabras de ánimo.
Se ha convertido en mi pequeño consuelo, mi primera sonrisa del día siempre sale de este bar.

Ya son varias noches sin dormir, vueltas y más vueltas, con mi cerebro entre las sábanas.
El cansancio es un suma y sigue que me empieza a desgastar.

Ponme un café, necesito despertar.

Escribo. Un folio tras otro. Será porque ya tengo aquí mi “café con qué”.
Ahí fuera hace frío, con mi café caliente estoy muy bien.

Hoy ya no tengo ganas de nada, ni la sonrisa me has sacado esta vez. Como ahí fuera hace frío, me quedo, así que...

Ponme otro café.